En las ciudades se juega el futuro

En “Why mayors should rule the world: Dysfunctional nations, rising cities” (Porqué los alcaldes gobernarán el mundo: Naciones disfuncionales, ciudades emergentes), Benjamin R. Barber describe una escena en la que el alcalde de Jerusalén, cansado de escuchar los dimes y diretes de los rabinos, imanes y prelados, espetó “mira, ¡os arreglaré el alcantarillado si me libráis de vuestros sermones!”

Siempre me ha gustado la naturaleza pragmática de la alcaldía, y el hecho que Carmena se vuelve a presentar a las elecciones municipales de Madrid con una agrupación de electores progresistas, lejos de las garras de sus socios de coalición, me parece acertado. Algunos contestarán que la tecnocracia nunca es libre de ideología, cómo exponía el celebérrimo economista inglés, John Maynard Keynes: “Los hombres prácticos, que se creen exentos de cualquier influencia intelectual, son usualmente esclavos de algún economista difunto”.

Pero Carmena no se está huyendo de una ideología, está deshaciéndose de las cadenas de un partido político, que se caracterizan más por los juegos de poder y el pensamiento único que por la voluntad de resolver los problemas de la población. Mientras algunos dividan su atención en los concursos de popularidad, la alcaldesa estará midiéndose libremente ante su ciudadanía.

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